En el inicio existía un catálogo sin fin de imágenes y cada una de estas era otorgada a un nuevo alguien, y sería la imagen de cada día, la imagen de su vida. No podías escogerla, pero una vez en ella podías hacer lo que quisieras.. o podías no hacer nada. También podías visitar imágenes vecinas, pero no quedarte ni cambiarlas. El detalle empezaba en que no te acuerdas de nada de esto..
A ella le asignaron un desierto.. muy desolado, inmenso, imparable y naranja. Caminó sin pausa por muchos años y no pudo salir de él más que por un sexto del tiempo total del día, ese iba ser el sitio.. y además, era visualmente interminable..
Su vecina más recurrente tenía la de un circo, le daba un poco de pena, el descuidado circo, qué triste público, pero cuánto brillo. Uno más tenía la imagen de una carretera, una larga y poco transitada carretera.. aunque le robó muchas sonrisas.. y con el tiempo conoció muchas más imágenes vecinas, entre mares, cuevas, túneles, castillos..
Cuando se dio cuenta de todo, se decidió a decorar su imagen para que los visitantes al menos sonrían al llegar. Cada amanecer atardecer anochecer, todo momento era bueno para arreglar, pintar, ambientar, adornar, para qué descansar si el sueño se estaba creando despierta, si su felicidad había empezado con esa esperanza..
pero.. un desierto es un desierto, y no importaba cuánta escarcha, ni cuánto amor, ni cuánta sal, ni cuánto de agua, ni cuánta luz.. siempre seco, impredecible..
Igual, ella ya se había decidido

Por eso un día, se dejó caer finalmente sobre sus piernas.
Estaba totalmente cansada y extrañamente feliz.
Puede que el desierto deje de ser desierto cada vez que alguien te acompañe en el.
ResponderEliminarseguro se convirtió en arena
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