Desciende sobre mí como una caricia liviana,
como una pluma de suma delicadeza,
como una lágrima en llamas..
Llega con tranquilidad.
Se nota en su postura paciente, se nota en su mirada objetiva, se nota en sus pasos firmes. Está decidido a reparar, a ordenar, ha venido a restaurar.. de a pocos y según la prioridad.
Y las dificultades no te sorprenden, la batalla te era predecible, esta guerra es entendible. La lucha es contigo.
Vas con calma y sin ansias, convencido de tu victoria, aunque sin bajar la guardia.
Ya no pesa el tiempo, ya no pesa la vida, ya no pesan los compromisos ni las mentiras.
La falta de amor es desconocida y ajena, pero real y comprensible. El miedo marcha distante pero constante. Se aceptan las lágrimas y se asume el dolor. Así encuentro mi paz, que es tuya
y nuestra, con sus secretos, la alegría.
